Fue una medida puesta sobre la mesa por parte de Nacional, que oficia de local en este clásico, y que Peñarol no compartió en ningún momento, pero deberá acatar. "No queríamos resignarnos a que pase esto en la Olímpica. Es una mala señal en medio de las políticas gubernamentales que se están poniendo en práctica para combatir la violencia y no es una medida que solucione los problemas de fondo", opinó Jorge Barrera, presente en la reunión por parte de Peñarol.
"Da la sensación que esta medida puede generar un efecto contrario al que todos buscábamos y, en definitiva, provocar violencia. Es una medida discriminatoria y demagógica, una vez más. Me da mucha tristeza", afirmó Edgar Welker, vicepresidente aurinegro.
En filas aurinegras recordaron que una propuesta así ya se puso al análisis de Peñarol previo al último clásico en que ofició de local y que la postura fue buscar otras alternativas, por entenderla una medida inconveniente.
En el mismo sentido, en medio de la reunión de ayer, Peñarol propuso que de las 17.500 entradas que se ponen a la venta para la Olímpica, 10.000 queden en manos del local para la venta hasta tres días antes del partido y 7.500 para el visitante. Si alguno de los dos no llegara a vender el total, que el remanente se pusiera a la venta libremente en los últimos tres días. "Así también se beneficiaba al local, pero no de una forma tan desconsiderada", afirmó Barrera.
Nacional, sin embargo, no modificó su postura y, por ende, el domingo 14 Peñarol sólo tendrá hinchas en una cabecera (la Ámsterdam, en este caso) y en la mitad de la tribuna y la platea América. Lo mismo sucederá en el clásico del Clausura, pero con Nacional.
La forma en la que ha actuado el "tradicional rival" (como le llaman a Nacional) en torno a la venta de entradas para el clásico será tratada en la reunión de directiva.
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