La llegada de "JR" al tricolor se produjo quizá en el momento justo, cuando no hay presión por pelear un campeonato que da la sensación desde las primeras fechas que ya está perdido. Por lo tanto, rápidamente las baterías se enfocaron en lograr que el equipo encuentre el funcionamiento adecuado al sistema de juego -super ofensivo por cierto- que tiene el actual conductor. En cierta forma el Apertura servirá más que nada como un banco de pruebas, por lo que las últimas ocho jornadas (ahora siete) servirían más que nada para automatizar a un conjunto que apostará fuerte a la segunda mitad de la temporada, precisamente cuando se defina el Uruguayo (previa disputa del Clausura, el que el tricolor deberá ganar para estar en la final) y, paralelamente, la Copa Santander Libertadores.
A toda velocidad. Más allá de que sólo hubo dos variantes en la formación inicial respecto a la que jugó ante Cerro siete días antes, en lo que sí hubo un cambio drástico fue en la actitud del equipo. Siempre ocurre que los futbolistas tienen una motivación extra cuando llega un nuevo entrenador, pero además de eso la postura del elenco tricolor cambió en la cancha. Se mantuvo la línea final, pero salió un volante de contención (Marcelo Palau) para darle cabida a uno de armado (Robert Flores), además de adelantarse unos metros Mathías Mirabaje para ya no ser mediocampista y sí tercer punta por izquierda. Este fue, sin dudas, el cambio que menos resultados dio, porque Mirabaje extrañó su nueva función y pesó muy poco en el partido.
Flores, en cambio, fue el mejor, generando buenas habilitaciones y encontrándose varias veces con Mauricio Pereyra para armar el fútbol tricolor. Porta fue el que mejor entendió lo qué hacer en ofensiva producto de su conocimiento previo del técnico.
Fue, precisamente, en la mitad del terreno donde estuvo el cambio fundamental. Carrasco exige a sus volantes que toquen de primera y por haber trasladado de más la pelota fue que Raúl Ferro fue sustituido por Mathías Cabrera, en un cambio jugado y típico del DT.
Ay, la defensa. ¿Por qué no ganó Nacional? Por lo de siempre: la fragilidad defensiva. Se dijo que la salida de Ferro debilitó el mediocampo y es cierto, pero eso ocurrió durante cinco minutos, el tiempo que demoró Pereyra a adaptarse a ser el "5". Cuando se dio cuenta que debía dar dos pasos hacia atrás solucionó la situación, porque relevó mejor. Sin embargo, a la línea final la atacaron cuatro veces y le hicieron dos goles. Hubo nuevamente problemas de contención por las bandas y poca subida de los laterales.
Es cierto que al ataque también le faltó afinar la definición y por eso tampoco ganó el tricolor, pero con el trabajo llegará la precisión en velocidad. Como "JR" no trabaja tanto en defensa, el panorama allí es más difícil de solucionar.
Medio 8
Más creaciónFue el sector del campo que más cambió con la llegada de "JR". Hay más dinámica, mejor trato de pelota y mayor generación, sobre todo porque el técnico pide jugar de primera y de esa manera la transición de defensa a ataque es mucho más rápido. Lo más importante es que ahora la pelota le llega a un compañero.
Defensa 4
El punto flojoVolvió a ser el Talón de Aquiles del equipo. Es cierto que, partiendo de la base de que la premisa de Carrasco es defenderse con la pelota, queda muy expuesta cuando el rival ataca, pero carece de solidez. Racing llegó con peligro cuatro veces y dos terminaron en gol. Las bandas siguen siendo vulnerables y los pelotazos cruzados explotan la falta de velocidad de la zaga.
Ataque 6
En ablandeCon sus dos goles, el "Morro" confirmó que es el mejor delantero que tiene Nacional. De cualquier manera, es el sector del campo a la que le falta más ablande. Claro, es donde se definen los partidos, y todavía a los puntas les falta precisión en velocidad, vital para capitalizar las muchas situaciones de gol que se generan.


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